La mariposa en llamas

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mariposa en la llama

Según alertan los terapeutas y psicólogos, en no pocas ocasiones la aparición de la expareja suele avivar sentimientos que no han desaparecido. A pesar del tiempo transcurrido, para muchas personas se dificulta superar una relación del pasado y se quedan ancladas en el recuerdo, la añoranza de lo que pudo haber sido.

A lo largo del proceso de superación de la ruptura es frecuente que se produzcan conductas autodestructivas, como reacción a la pérdida amorosa, que pueden suceder simultánea o sucesivamente durante las diversas etapas del duelo.

Sin embargo, al poner el punto final a una historia íntima, el individuo suele tener necesidad de reconstruir su autoestima e independencia, y a largo plazo este desenlace puede ser un nuevo comienzo, para concentrarse en sus propias necesidades, y construir un modo de vida más satisfactorio para sí mismo y la búsqueda de la felicidad.

El psicólogo estadounidense Stephen Gullo, investigador del impacto emocional causado por la ruptura amorosa, distingue cinco errores que obstaculizan y retardan el proceso de recuperación.

En primer lugar está la dependencia, por la cual la persona no anhela terminar la relación, ni mental, ni emocional, ni físicamente. Su reacción afectiva es lenta y se aferra a la idea de que aún queda algo vivo en la relación.

Al negarse a darla por terminada, no puede afrontar la recuperación. Esta actitud suele mostrarse mediante la obsesión, lo que anhelas de venganza, o la exageración, como un proceso mental en el que el rechazado piensa de un modo exagerado que su ex pareja se lo está pasando fantásticamente bien, mientras él está destrozado.

Como fenómeno opuesto al de la dependencia, las nuevas ataduras constituyen otro obstáculo para la curación. Se trata de llenar la vida con numerosas actividades para suprimir el sufrimiento.

Cuando se está tratando de establecer nuevas ataduras es difícil quedarse tranquilamente en casa, leer un libro o ver la televisión. Es como si se produjera una incapacidad de serenarse y quedarse a solas.

Entonces se buscan relaciones efímeras que añaden más inestabilidad emocional, al pasar de una a otra, pues el dolor y el miedo siguen en un sitio, sin solución.

Según explica Gullo, este es el escenario favorable para vivir engañosamente un enamoramiento que en realidad constituye una defensa para reducir el dolor. Este tipo de reacción resulta más frecuente en hombres que en mujeres, ya que estas últimas tienen más facilidad que los varones para afrontar abiertamente sus sentimientos y el sufrimiento emocional.

En el primer caso, mientras se pasa de una persona a otra, cada conquista puede reconstruir transitoriamente el ego dañado, pero con el tiempo la gratificación es cada vez menor y al final habrá que hacer frente al sufrimiento de una vez por todas.

Mientras se desarrolla la capacidad para estar solo, es bueno asumir que se tendrá que vivir y procesar el dolor, pero este también acabará debilitándose y la persona podrá sentirse más fuerte, más segura y con mayor capacidad para entender las razones de la ruptura.

Es importante recordar que el sufrimiento puede ser constructivo; el desafío consistiría en poder funcionar de la mejor manera posible mientras la tristeza sigue su curso hasta que termina. Lo más destructivo, en realidad, es huir del dolor.

SEÑALES DE FUEGO

Uno de los fenómenos que suelen verse en estos casos y que están descritos por la psicología es el de la mariposa en la llama. Esta actitud establece una similitud entre una mariposa atraída por el fuego, que mientras más se acerca a la llama, más aumentan las heridas, pero nunca llega a modificar su conducta.

Esta es una de las reacciones más dolorosas que se experimentan durante la recuperación. Se describe como una conducta zigzagueante que lleva a retroceder reiteradamente a la relación pasada y produce un sufrimiento cada vez mayor a causa del reiterado rechazo.

Llamadas telefónicas, envío de regalos, mensajes, notas, encuentros casuales y declaraciones de sentimientos en múltiples procedimientos, son «estrategias» frecuentes que, en lugar de convencer a la expareja, le producen una molestia creciente.

La consecuencia de esta actitud es la destrucción del amor propio, y se puede llegar a perder el sentido de la realidad y el control emocional.

Otra de las respuestas más frecuentes ante la pérdida y el rechazo son las conductas compulsivas; es lo que denominan huida mediante el exceso. La forma más grave de exceso es el exceso de drogas y de destilado, para poder tolerar mejor el dolor de la pérdida amorosa.

Sin embargo, estas sustancias proveen alivio temporal, pues al recurrir a ellas sí se pierde en verdad el control emocional, y se puede generar una adicción.

“Se dice que detrás de un gran sufrimiento reside el mayor bien. Y si no lo vemos a simple vista, a lo mejor tendremos que esperar, pero depende de nosotros percibir lo bueno dentro de una crisis. La fuerza interior que nace del sufrimiento se transforma en confianza y seguridad para poder seguir arriesgándonos a vivir y a amar”, sostiene Gullo.

Tras poner el punto final a una relación íntima, el individuo suele tener necesidad de reconstruir su autoestima e independencia, y a largo plazo es preferible sustituir la ex pareja por uno mismo.

Una nueva relación solo será satisfactoria si se tiene una buena relación con uno mismo; por tanto, la decisión de romper con alguien y la de vincularse con otro deberían ser, idealmente, procesos independientes.

Lo más indicado, advierten los especialistas, es que cuando se termine una relación la persona se tome un período prudencial para superarlo, cerrar las heridas y concluir esa etapa.

Involucrarse con una nueva pareja de inmediato es precipitado si no se está emocionalmente en condiciones de dar lo mejor de sí, y si no se ha superado totalmente la relación anterior.

De ahí que, como sostiene Gullo, y sin ser absolutos, el final de una relación puede ser un nuevo comienzo para que la persona pueda concentrarse en sus propias necesidades, pueda construir un modo de vida más satisfactorio para sí misma, en la búsqueda de un nuevo camino a la felicidad.

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