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Los demás te tratan como tu les permites tratarte

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Si bien es cierto que hay muchas virtudes que nos ayudan a mantener relaciones interpersonales saludables, como la paciencia, la empatía, la comvibración y la tolerancia, también lo es el hecho de que las personas suelen establecer sus límites en función de lo que se les permite.

Muchas veces por ser comprensivos, por colocarnos en el lugar de los demás y desde el ánimo de preservar nuestras relaciones podemos tolerar e inclusive perdonar acciones que no coinciden con lo que a nosotros nos gustaría recibir. Por lo que lo más conveniente resulta dar a conocer lo que estamos dispuestos o no a recibir.

Ciertamente lo lógico es recibir lo que damos a los demás, pero lo lógico a veces no coincide con la realidad y aun tratando a los demás desde el respeto, desde el cariño y en pro de sumar acciones a nuestras relaciones, recibimos de ellos acciones que reflejan lo contrario y que nos incomodan o hieren de alguna manera.

Aun cuando solo nosotros decidimos si las acciones de los demás nos afectan o no, de seguro nos facilitaremos la vida mostrando nuestros límites. Evitemos tomarnos las cosas de manera personal, la mayoría de las heridas que son producto de lo que nos hace otra persona no tuvieron la intención de hacerlo, eso no disminuye el dolor generado, pero podemos evitar incrementarlo a través de rencores y resentimientos a cuestas.

Recordemos que todos estamos acá haciendo lo mejor que podemos con los recursos que tenemos, que todos de una manera u otra, estamos apostando por nuestra propia felicidad, aunque a veces lo hagamos a través de caminos muy escabrosos y otras veces lastimando de alguna manera u otra a quienes nos aprecian.

Permite que cada quien sea como quiere ser, ésa es la única manera que sabe, si no te resulta posible resistirlo, procura alejarte o seguramente saldrás lastimado. Nadie va a cambiar porque alguien se lo pida, menos aún porque se lo exija, los cambios vienen de cada quien, de determinar que algo no  está bien, de reconocer que se puede dar más, de entender que hay mejores maneras de obtener un resultado y de querer hacer una mejor versión o al menos una modificada de ellos mismos.

Por eso dentro de lo que representa el respeto, debemos respetar las maneras de los demás, pero evidentemente preservando nuestro bienestar y tomando las medidas necesarias para prosanar que lo que recibamos esté en armonía con lo que queremos, que normalmente no difiere mucho de lo que nos damos a nosotros mismos.

1. Qué significa exactamente poner límites

Poner límites no tiene nada que ver con decirle a todo el mundo a diestro y siniestro todo lo que piensas en cada momento.

Tampoco es defender a capa y espada nuestras opiniones para que quede clara nuestra posición.

Y ni mucho menos es mostrar nuestras debilidades a los demás para que éstos se adapten a nosotros. Para nada…

Poner límites es una acción muy compleja que encierra en sí misma muchas cualidades humanas y, si el ser humano las tuviera plenamente desarrolladas, disfrutaría al 100% de sus relaciones interpersonales.

Entre estas cualidades están: la capacidad de autoconocimiento para saber exactamente cuáles son tus propios límites; el saber exponerlos cuando sea oportuno; y la valentía de ponerte por encima de todas tus resistencias internas que te impiden hacerlo de forma sabia y exitosa.

Y es que para poner límites tienes que tener muy claro qué es permisible para ti y qué no lo es. Sería imposible poner un límite que no se conoce, ¿verdad?

Una vez que tienes claro tus propios límites, queda lo que más le cuesta a la mayoría de las personas: la tarea de decir NO cuando corresponde. Porque está claro que un límite es un “no” en toda regla.

No te preocupes, es más fácil de lo que parece. Vamos a explorar un poco sobre esta aparente dificultad.

2. Por qué te cuesta tanto decir NO

Realmente todo el mundo sabría repetir un monosílabo tan sencillo como es “no”. A ver, ¿eres capaz de decirlo en voz alta? Prueba ver qué tal suena… venga anímate… da igual si hay gente cerca, a ver qué dicen cuando lo hagas… jeje, seguro que se ponen serios…

¿Cómo te has oído? ¿Sonaba convincente? ¿Necesitas practicar un poco más para que no te tiemble la voz?

La clave está en que sientas tu propia voz emitiendo el sonido, pero con un sentimiento de poder, porque estás diciendo algo que es importante. Con solo decir “no” (sin ninguna palabra añadida), puedes cambiar la actitud de cualquier persona.

Haz la prueba, cuando estés reunido con alguna persona de confianza di simplemente “no” y observa su comportamiento. Vas a ver cómo te mira con sorpresa y con un poco de tensión hasta ver realmente qué te ocurre.

Sin embargo, si dices simplemente “sí”, te mirarán con otra actitud, quizás con curiosidad, pero no con tensión, porque es muy posible que no hayas interferido en su estado anímico.

Esto suele ocurrir así porque cuando oímos la palabra “no”, nos salta una alarma en nuestro interior indicando de forma automática que hay que prestar atención a lo que viene después, porque seguro que será importante.

Fíjate muy bien en lo que te estoy diciendo: cuando tú mismo estás diciendo “no”, surge de forma automática un estado de tensión, no solo en el otro, sino también en ti. Qué curioso…

Ahora bien, ¿por qué cuesta tanto trabajo ponerle límites a los demás?

Porque hay varios factores que han influido notablemente en tu vida y que han moldeado tu conducta para que no puedas hacerlo.

Posiblemente en tu caso te haya influido la educación que tuviste de pequeño o quizás la sociedad en la que vivimos.

2.1 La educación temprana

Ya desde pequeños nos enseñan a tener el patrón de el niño/a bueno/a y a decir sí a todo para no molestar o desagradar a alguien. ¿Te suena?

¿Qué significa esto? Pues que si te expresas tal y como eres vas a molestar a alguien, y el precio que pagas por ello es, o bien una cara de insatisfacción, o bien un rechazo por parte de esa persona.

Cuando somos pequeños sabemos que somos vulnerables y que en definitiva dependemos de los demás para atender a nuestras necesidades básicas. Como mecanismo de supervivencia optamos por adaptarnos y dejar que el medio nos moldee.

El problema de todo esto es que empiezas desde muy pequeño a negar tus propias necesidades porque consideras más importante que la otra persona esté contenta, a costa de tu represión, frustración y autoanulación.

Y si te hubieras mostrado tal y como eras, la mala reacción del otro te habría generado un complejo de culpabilidad, haciéndote creer que eras responsable del estado anímico de los demás.

¡Quieto ahí!, esto merece un momento de toma de consciencia…

¿Qué edad tienes?

Si esto te ocurría de pequeño, ¿te das cuenta de que quizás lleves toda una vida sin mostrarte tal cual eres por miedo a la reacción de la otra persona?

¿Es hora de cambiar esto?

– Sí.

Sigamos…

2.2 La sociedad

Luego viene la cultura de la sociedad en la que vivimos. La que te ha ido condicionando durante tanto tiempo.

Desde todos los medios audiovisuales, incluida la publicidad en las calles, nos bombardean constantemente con que tenemos que entrar dentro de unos estándares para ser aceptados por el resto de las personas.

Como si todo el mundo quisiese ser como los demás…

En lugar de enseñarnos a amarnos a nosotros mismos tal y como somos, nos enseñan que hay que tener una estatura que se arregla con zapatos, un color de piel que se modifica con cosméticos o una tendencia de ropa que cambia todos los años, que es tendencia porque alguien dijo que esta primavera se lleva el color tal… por ponerte algunos ejemplos.

Tampoco se puede decir esto o lo otro para no llevar la contraria…, y si te pasas un poquito pues me invento la Ley mordaza y te callo, sí o sí. Y además es legal (?)

Menuda locura…

seguimos anulando nuestras expresiones cuando nuestros jefes se pasan verbalmente con nosotros por miedo al despido, cuando dejamos que nuestra pareja nos manipule para no tener mal rollito en casa o cuando permitimos que nuestros clientes se aprovechen de nosotros por temor a perder ingresos.

Y detrás de todo esto estás tú. Nadie piensa en ti ni en tus necesidades. Nadie te ha enseñado que tienes una serie de necesidades que cubrir y que para ello tienes que ponerle límites a los demás.

El nivel de confusión en un adulto es tal que, cuando le preguntas abiertamente: “¿Cuál es tu necesidad en este momento?”, lo más frecuente es que ni lo sepa. Y si lo sabe, se lo calla o no contesta con sinceridad, por vergüenza o miedo a tu reacción.

Imagínate cómo puede poner límites una persona que no sabe ni lo que necesita.

Aceptémoslo: la educación no fue perfecta y la sociedad no ayudó mucho. Lo importante es que ahora puedes hacer algo al respecto, desde tu propia madurez. Tengo herramientas que te pueden servir para romper con todo esto y te prometo que quiero verte feliz. Porque a mí, sí me importas.

Sigamos…

3. Los grandes beneficios de poner límites en tus relaciones

3.1 Beneficios para ti mismo

Uno de los primeros beneficios que obtienes a la hora de poner límites tiene que ver con el conocimiento sobre ti mismo en cada momento.

Como venimos hablando, para poner límites sanos y equilibrados, se requiere un buen conocimiento de tus propias necesidades. Y, para conocer lo que realmente necesitas, debes mantener un estado de conexión contigo mismo.

¿En qué consiste esta conexión contigo mismo?

En ser consciente del momento presente y de lo que cada situación requiera de ti, en actuar siempre teniendo en cuenta las consecuencias de tus actos, y no perder en ningún momento el sentido de tu vida.

Por otro lado, poner límites te va a permitir que te respetes más a ti mismo y, en la medida en que esto ocurra, estarás en condiciones de hacerte respetar.

Podrás hacerle llegar a los demás como quieres que se comuniquen contigo, y esto te traerá mucha satisfacción personal.

Finalmente , el hecho de establecer tus límites va a culminar en un aumento considerable de tu autoestima. Esto ocurrirá de forma natural simplemente cuando hables sobre ti, cuando muestres que te conoces a ti mismo y cuando te hagas respetar.

3.2 Beneficios relacionados con los demás

No solo tendrás el beneficio de conocer tus propios límites, sino que también conocerás los límites de los demás y, como quieres ser respetado, al final también respetarás a los demás.

Aprenderás eso de “no hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti”.

Al conseguir respetar tus límites y el de los demás, tus relaciones se convertirán en relaciones sanas y estables en el tiempo. La armonía se palpará en tus relaciones y ninguno se sentirá invadido por el otro. Una relación de respeto y amor no se pierde en el tiempo, al contrario, crece.

Por último, perderás el miedo de mostrarte tal cuál eres. Por fin soltarás la tensión continua de tener que estar alerta por si algo o alguien puede dañar tu vulnerabilidad. Te sentirás libre de poder expresar tus necesidades (con respeto y amor), independientemente de cómo se lo tome.

En definitiva, te sentirás desapegado de la reacción de los demás.

Cuánta libertad te está esperando… ¡¡y toda tuya!!

4. Qué tienes que tener en cuenta a la hora de poner límites

Como creo que ya te vas dando cuenta, lejos va quedando la idea de que poner límites consiste simple y llanamente en decirle a los demás las 4 cosas que siempre les has querido decir y que nunca te has atrevido.

Nada de eso. A la hora de poner límites, si quieres ser efectivo, directo y que te dé buenos resultados, tendrás que tener en cuenta lo siguientes puntos:

4.1 Tu estado actual

Antes de lanzarte, asegúrate de que es tu momento. Responde a las siguientes preguntas que te darán pistas de si vas o no por buen camino:

¿Estás motivado para hacerlo ahora?

¿Te encuentras con fuerzas para admitir una respuesta negativa de la otra persona, si es que esto tiene lugar?

¿Estás lo suficientemente sereno como para controlar tus palabras y reacciones?

¿Tienes buena voluntad y lo haces por Amor a ti mismo y a la otra persona?

¿Vas con la intención de mejorar la situación o, por el contrario, tu interés es hacer sentir mal a la otra persona?

Si tu intención no es positiva para ambas partes te diría de antemano que ni lo intentaras. Siempre debe haber un beneficio para los dos.

4.2 El estado emocional de la otra persona

Aquí es importante hacer uso de la empatía y conocer el lenguaje corporal de la otra persona para asegurarte de que vaya a estar receptiva y, por tanto, tu propuesta de poner límites dé buenos resultados.

El objetivo será que la persona no se desestabilice demasiado cuando le pongas límites y, aunque esto no depende de ti sino de cómo se lo tome (de su temperamento), puedes ayudarle a mantener su equilibrio mental y emocional.

A veces esto es imposible y la persona sí o sí va a estallar en cólera y se rebotará o se enfadará, pero al menos te asegurarás de que lo has intentado hacer con amor y por amor.

Responder estas preguntas te orientarán de si es un buen momento:

¿Cómo es su estado anímico?

¿Está cansado y abrumado con otros asuntos y ponerle límites le va a generar más estrés?

¿Le ves receptivo y tranquilo o, por el contrario, está en tensión y con facilidad de ponerse a la defensiva?

4.3 El lugar y el momento apropiado

Intenta hacerlo en un lugar neutro para ambos, por si la cosa se pone calentita que no tengas que pasar el mal trago de tener que echarle de tu propia casa. Créeme si te digo que te puede pasar… no te lo recomiendo.

Procura que el lugar sea armonioso y que te permita comunicarte bien, así como poder disponer del tiempo que vayas a necesitar. En un bar petado de gente y con mucho ruido quizás aumente la tensión del momento y no te permita hacerlo bien.

Elige, si es posible, un momento adecuado para ambos donde te asegures de que vayáis a estar tranquilos y con ganas de actualizar vuestra relación, que no estéis contaminados con otras preocupaciones que puedan influir en esta tarea.

Si tienes que poner límites de forma improvisada al mismo tiempo que te están faltando el respeto, tendrás que acomodarte al momento y lugar en el que está ocurriendo la escena, pero al menos intenta favorecer un buen clima de buenas intenciones.

5. Cómo poner límites de forma eficaz y sin complejo de culpa

Llegamos al punto más importante de este artículo y, como era de esperar, lo he dejado para el final porque hay que tener en cuenta todos los factores que están detrás de la acción de “poner límites”.

Se dice rápido, pero hay que reflexionar mucho sobre esto.

Antes de hablar sobre cómo poner límites, déjame que entremos un momentito en una creencia errónea que muchas personas tienen y que les impide tomar acción en este sentido.

Esta creencia sale mucho en las sesiones individuales de coaching a la hora de ayudar a alguien a trabajarse los límites. Se trata de la falsa creencia de que si pones límites eres un egoísta.

Pero… ¿perdona?

Sería irónico creer que eres egoísta por mostrar tus límites, por ser como eres, por enseñarle a los demás donde empieza tu espacio seguro y donde no han de entrar.

Lo siento, pero no es razonable que pienses que eres egoísta por respetarte cuando estás teniendo en cuenta los sentimientos del otro, el momento apropiado y cuando has reflexionado lo suficiente como para tomar consciencia de que poner límites va a mejorar tus relaciones, eliminar los roces y los posibles conflictos de ahora en adelante.

Nada tiene que ver con el egoísmo.

Es Amor y se hace por Amor y con Amor, hacia ti mismo, hacia el otro, y hacia la relación en sí.

Así que fuera ideas raras sobre egoísmo, culpabilidades e historias que no tienen nada que ver, ¿valeee? (esto se lee como lo dice Belén Esteban).

Es legítimo y corresponde que te muestres y marques tus límites. Sería injusto que estuvieras en este mundo sin mostrarte tal cual eres. Sería injusto que no te conociésemos como eres en realidad…

Ahora sí David, ¿cuál es el truco del almendruco para poner límites en las relaciones?

!!!Tan ta ta chan!!!

La mejor y más efectiva forma de poner límites es:

Habla desde ti y sin juzgar al otro.

Te lo explico más detalladamente: se trata de mostrar cómo te sientes cuando el otro te está invadiendo o faltando el respeto pero sin evaluar en lo que está haciendo, sin juzgarlo ni etiquetarlo.

Cuando hablas desde ti con frases del tipo “esto que haces me hace sentir mal y de esta forma me cuesta mucho estar a gusto contigo”, por ejemplo. De esta forma haces que la persona que está delante de ti se replantee cómo te trata.

Normalmente, cuando alguien se da cuenta de que te está haciendo daño, pone el freno y evalúa su comportamiento. Pero solo funciona si se lo dices sin ánimo de hacerle daño o de enjuiciarle. No te olvides, siempre con Amor.

En ese mismo ejemplo no sería efectivo decir “oye, no me guardas ningún respeto, eres maleducado y te estás pasando conmigo”. No funcionaría porque le estás llamando abiertamente irrespetuoso, maleducado e invasor.

La primera reacción ante tales palabras será de defensa y muy posiblemente de un nuevo ataque hacia ti. No te conviene para nada.

Sin embargo, si respondes sin ataques y desde ti mismo, desde tu sentir, seguro que el otro se va a dar cuenta de que te está haciendo daño y en el fondo no es lo que quiere.

Te invito a que pruebes este mecanismo, es 100% efectivo y está más que comprobado.

Te pongo algunos ejemplos para que te vayas sintonizando:

Si hay algo que no te gusta que te hagan, puedes decir: “me estoy sintiendo mal con esto que estás haciendo”.

Si no te dejan hablar cuando es tu turno, puedes decir: “me siento en clara desventaja porque no encuentro la forma de terminar mi frase”.

Si están intentando manipularte para hacer algo que no quieres, puedes decir: “si hago lo que me pides no creo que lo disfrute porque sé que no quiero hacerlo”.

Si te están dando consejos cuando no lo has pedido y te están dando órdenes de por dónde debes seguir (el típico “pues tú lo que deberías hacer es…”), puedes decir: “la verdad es que yo lo que necesito es que alguien me escuche, sé lo que tengo que hacer pero ahora necesito desahogarme”.

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